La inteligencia emocional es aquella que está formada por los siguientes elementos:

          Un autoconocimiento emocional, es decir, el conocimiento de nuestras emociones y sentimientos.

           Un autocontrol emocional, o lo que es lo mismo, saber detectar nuestras dinámicas emocionales y así no dejarnos llevar por nuestras emociones.

          Automotivación, lo que nos permite enfocarnos en nuestras metas sin focalizar nuestra atención en los obstáculos.

          La empatía, mediante el reconocimiento de sentimientos de los demás, algo que nos permitirá establecer vínculos más fuertes con aquellos con los que mantenemos algún tipo de relación.

           Por último, la continua alimentación de nuestras relaciones interpersonales, para lo que hace falta educación y una buena comunicación.

Una vez conocemos qué es y qué engloba la inteligencia emocional, nos resultará más sencillo saber por qué las empresas demandan cada vez más la inteligencia emocional como requisito en sus empleados. Según declara Juan Luis Goujon, especialista en Recursos Humanos, en el diario ‘El Mundo’, el 71% de las empresas valoran más la inteligencia emocional que el coeficiente intelectual. Incluso, el 59% de las empresas descartaría a un candidato que tuviera un coeficiente intelectual alto, pero una inteligencia emocional baja.

Un perfil idóneo de trabajador sería el que fuera multidisciplinar y albergara las siguientes características: control sobre las reacciones propias, autoestima adecuada, facilidad para marcarse objetivos y motivarse a uno mismo, equilibrio entre la tolerancia y la eficiencia, capacidad de adecuación a los cambios y al entorno, así como buena capacidad para superar frustraciones e impedimentos en el desarrollo de su tarea.

Sin embargo, para la creación de más profesionales que reúnan todas estas características sería necesario la incorporación de una asignatura dedicada a la formación en inteligencia emocional en todo tipo de carreras. No importa si un alumno estudia derecho o topografía, pues el día de mañana tendrá que sumergirse en el ámbito laboral dónde tendrá que formar un equipo con diferentes trabajadores. En este contexto, el profesional debería manejar sus emociones y sentimientos de manera eficaz, pues no se concibe un profesional que no sea capaz de gestionar sus emociones o que no esté motivado para alcanzar sus metas.

Se tornaría necesario la incorporación en todas las universidades de una asignatura que forme a los alumnos a ser dueños de sus propias emociones. De hecho, lo idóneo sería que este tipo de formación se integrara ya en colegios como se lleva haciendo desde hace unos años en Reino Unido.

Si quieres conocer más sobre la inteligencia emocional o su importancia para con las empresas siga estos enlaces.

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